Poesía

Colonia

Ese libro explora la relación entre estética e historia, y más especificamente, la negación del origen y de la identidad. El libro intenta poner en duda la idea que voz y reconocibilidad son lo que sostiene un discurso poético sólido; la lógica que imparte narrativa inventada a la prosa y preocupación con lo íntimo y lo real a la poesía; y la impermeabilidad de la narrativa histórica a momentos de suspensión del tiempo. Para dar un ejemplo, la primera sección del libro yuxtapone escenas poéticas cortas situadas en una antigua colonia (que parecen ficciones, pero están arraigadas en la experiencia) y fragmentos de lamentos griegos supuestamente tradicionales (que son totalmente inventados, y donde el ritmo tradicional ha sido alterado para cuestionar su naturalidad): la yutxtaposición es lo que importa aquí: el circuito entre antiguo y nuevo, heredado e inventado, estético e histórico tiene effectos no sólo en el tiempo sino también en el espacio. El espacio del libro.

 

Aquí, la cuarta sección del libro donde empieza formarse un yo. Traducciones de Pau Sabaté.

 

 

I.

a Ana Labazuy

 

Tal y como se levanta uno pronto por la mañana

con su espada de Damocles encima

así mismo me levanto crujiendo una gran tristeza antes de la salida del sol

al cabo de poco se calló el ganado

aunque empezara el día

sólo se oía de vez en cuando una máquina lejana hecha de humanos

El eco de acciones invisibles se rompía en los límites del monte

como si fuera estrella fugaz

con su duración arrastrada

 – desaparece seguro:

Después de poca nada

el tiempo pasado extendía sus tentáculos hasta aquí

ensayando suposiciones

qué habría pasado si

Hasta que el oro inundó el horizonte

y entre el alivio

que de ahora en adelante ciegos, conmovidos

y en la rápida nostalgia por la hora densa de la sombra

que toca con su dedo

tan al directo como se puede

me yergo.

 

 

II.

 

Reluciente mi temprano despertar

y

se clavó el castaño y rojo de mis pies

salté

por encima de piedras

y huesos de diosecillos

aún no cantaban los grillos

la boca estaba hecha de la mitad del oro de la espera

me

abriría a los milagros

que se arrastran por una altitud diferente

te había dejado atrás y te esperaba delante

cuando el paso se hinchó por el aire

y avanzaba sin darme cuenta

vi a media hasta

que la división

es vivir en términos insignificantes

pestañearon los nervios al chasquido de la lengua

clavé entonces en el sol su aguijón

disperso súbitamente girando

sobre las arrugas del mar

del mar vigente

(de lejos las islas – guijarros y cangrejos y agua transparente que a través de él

se me significaron como lo divino)

allá donde una bifurcación fue sin dudarlo hacia un lado: un montón de suerte

puesto que mientras ideé la curva delante de mí

del fondo de la sombra

aleteó del susto una cigarra

que sintió que otro ser palpitaba en el hasta entonces sudor

– de tanto viento se habían dormido las serpientes, los escarabajos, los ratones

negro verde-azul de la sombra

y cambia, cambia de golpe en luz.

 

 

III.

 

Allano

atisbando las aguas de dentro

decía se acabó la fermentación que me retardaba

se acabó mi aguante porque faltaron los ingredientes

y la altura requiere un paso firme

pero

con ligereza siguió la marcha

como sin que yo quisiera por el aire seco de la altiplanicie

por el aire que a veces lo tenía a favor y a veces en contra

sabía aunque no lo tuviera en cuenta

que desde abajo relinchan los caballos en el calor que empieza

y las mujeres limpian la plancha

y los hombres con los zurrones hacen la primera pausa

y los insectos zumban entre las uvas

y dos hijos míos aún duermen

por el deber de la plegaria perdí

pareció que estábamos en la parte de acá del quince de agosto

pues las puntas de las uvas se secaban

¡gloria en las alturas! repetición

y mis adentros respiraron tomillo.

 

 

IV.

 

Gracias a cada señal del tiempo

y envejezco en el círculo de las estaciones

miro como tu rostro cambia de década en década

mientras iba cuesta abajo vi

a los argonautas de lejos

quizá fueran los amigos que esperaba

quizá ariadni, asteris

– esperad un momento, tengo una tarea

que sólo se considera hecha si se atraviesa en soledad –

volvían a doblarse las higueras y los manzanos

señal que llegaría a las primeras casas encontré acequias cuajadas en la flor

ahí donde en otro tiempo agua ahora hierba seca

a la primera curva de civilización el viento se me lleva el sombrero.

 

 

Christos Barbas puso música a algunos poemas del libro:

 

 

 

De la presentación del libro en Atenas:

 

 

 

 

Yannis Kefallinos, Banana Tree

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